Carlos Huber
gravado en mi memoria por siempre...
Un día de Agosto del año pasado Carlos me llamo
por teléfono para preguntarme,.....¿ te gustaría
ir a Cuba? ......yo no entendí nada, luego de reírse
un rato, me explicó que había un curso en La Habana
que organizaba Apimondia y que Stefan (que había estado
con nosotros en Julio) nos recomendaba que asistiéramos
y me dijo que nos entusiasmáramos y fuéramos.
Después de ver la parte financiera nos preparamos para
este viaje, que habría de ser tan importante para mí.
El sábado 4 de Octubre a las 4am emprendimos el vuelo
desde Santiago; por mutuo acuerdo los primeros días serian
de trabajo y luego vendría el jolgorio; pero Carlos era
Carlos y desde nuestras primeras horas en La Habana, nos entretuvimos
e iniciamos amistades que se han prolongado con el tiempo. Carlos
tenía una dinámica propia y se movía con
total dominio en el hotel y en todos los trámites asociados,
gracias a sus habilidades y simpatía conseguimos importantes
ahorros y luego éramos conocidos por todos en el hotel.
En el curso pasó lo mismo, conocía a gran parte
de los participantes y los otros ya eran sus conocidos al segundo
día. Su vitalidad, buen humor y espíritu de servicio
eran sus características lo que siempre le significaba
estar rodeados de personas que luego se convertían en
grandes amigos y que siempre guardan grato recuerdo suyo.
Terminado el curso nos quedamos turisteando por La Habana,
Matanzas y Varadero. Ya de vuelta en Santiago, tomamos el auto
que nos trasladaría a nuestras respectivas casas y conversamos
de los proyectos futuros. Esas serian las últimas palabras
que intercambiamos. A la media hora de dejarme en mi domicilio
Carlos tomaba un inesperado rumbo.
Ese viaje fue muy importante en mi vida, sucedieron cosas muy
especiales en el; conocí a la mujer que hoy es mi esposa,
Dulcima y compartí los últimos días de
un gran hombre y amigo. La ultima imagen que quiero conservar
de él, es una que sucedió en Matanzas, yo iba
en un taxi con una amiga y él detrás en una moto
que había arrendado en Varadero , estaba quemado por
el sol del Caribe y su pelo se agitaba con el viento, una gran
sonrisa lo iluminaba, iba haciendo cabriolas con su vehículo
mientras circulábamos por las calles céntricas
de esa ciudad, esa imagen para mi lo retrata, refleja la alegría
e intensidad de vivir, el goce y aprecio por la naturaleza,
características que lo acompañaron toda su vida.
Así se quedara Carlos Huber gravado en mi memoria por
siempre...
Jonathan Araneda